C“¿Cuánto cuesta una página web?” es una pregunta difícil de responder si no se sabe qué se va a realizar. Es como pedir al conductor del Uber "cuánto cuesta una carrera" sin saber el destino del viaje. En la práctica, dos presupuestos pueden responder al mismo requerimiento, decir exactamente lo mismo y tener precios completamente diferentes. ¿Por qué sucede? El problema es que muchas veces se compara solamente el precio final de una cotización y no lo que realmente importa: ¿Qué es lo que incluye?. Una cotización debería dejar claro qué vas a recibir, lo que está y no está incluido, cuánto tendrás que pagar y qué ocurrirá después de contratar. En este último punto, una cotización poco clara puede parecer barata hasta que aparece el famoso “eso tiene un costo adicional”.
Antes de pagar un servicio de diseño web, ¿cómo detectar una mala cotización?. Hay cinco puntos que conviene revisar con lupa. Esta es la guía para detectar cotizaciones incompletas, costos ocultos y promesas ambiguas, sin tecnicismos y con ejemplos que cualquier empresa, emprendedor o profesional independiente puede entender.
En la glosa de presupuesto, el concepto de “diseño de página web” es demasiado amplio. Porque no se sabe de qué estamos hablando: ¿es una landing page de una sola URL?, ¿un sitio corporativo?, ¿un catálogo?, ¿una tienda e-commerce? La cotización debería especificar, en detalle, qué tipo de sitio se desarrollará y qué incluye el proyecto completo. Por ejemplo:
Mientras más específico sea el documento, menos espacio queda para las interpretaciones. Una buena regla es bastante simple: si algo es importante para ti, debe quedar por escrito. No basta con que alguien te haya dicho “sí, claro” durante una reunión o por WhatsApp.
Esta puede ser una de las preguntas más importantes de toda la negociación. Porque una cotización puede decir “sitio web completo” y, al mismo tiempo, dejar fuera elementos que tú suponías incluidos:
No hay nada malo en que un servicio tenga adicionales. El problema comienza cuando el servicio no están lo suficientemente claro y descubres que esos adicionales tienen un valor aparte después de haber contratado. Por eso, una pregunta tan sencilla como: “¿Qué tendría que pagar aparte del valor que aparece aquí?” puede ahorrarte más de un problema o mal rato.
Aquí es donde muchas personas cometen el error más común: comparar cotizaciones como si estuvieran comprando exactamente el mismo producto. Una misma propuesta puede costar $400.000 y otra $800.000 para un mismo requerimiento. Entonces, aparentemente, la primera es más barata. Sin embargo, ¿ambas incluyen lo mismo? Tal vez una considera cinco páginas y la otra diez; Una utiliza una plantilla y la otra desarrolla un diseño personalizado, hecho a la medida; Tal vez una incluye configuración SEO y la otra no. Tal vez una contempla carga de contenidos y la otra espera que tú hagas todo el trabajo. Cotizar no es preguntar "¿cuánto cuesta?", tampoco la pregunta correcta es “¿cuál es más barato?” sino “¿para qué necesitas realmente el sitio web?”, “¿qué busco conseguir con la página?” y “¿cuál presupuesto me entrega más por lo que estoy pagando?”. El conseguir clientes, generar cotizaciones, vender productos, captar prospectos, posicionar una marca, aparecer en Google, explicar un servicio complejo, diferenciarse de competidores, generar confianza o automatizar una parte del proceso comercial solo puedes saberlo cuando las cotizaciones describen claramente su alcance.
Una cotización también debe establecer los plazos de cumplimiento: ¿Cuándo comienza el trabajo?, ¿cuánto demora?, ¿en qué momento recibirás avances?, ¿cuántas rondas de modificaciones están incluidas? o ¿qué ocurre si quieres cambiar algo que ya había sido aprobado?. Esta última pregunta es especialmente importante. Porque una cosa es corregir un texto o cambiar una fotografía y otra muy distinta es decir a mitad del proyecto “mejor hagamos todo de nuevo”. Los cambios importantes y significativos pueden modificar los tiempos y también el precio.
Por eso, una cotización profesional debería establecer algún mecanismo para manejar modificaciones y trabajos adicionales. No para complicar las cosas, sino precisamente para evitar discusiones. Lo que se acuerda antes del proyecto suele ser mucho más fácil de resolver que lo que se discute cuando el proyecto ya está en marcha.
Aquí surge una pregunta que muchas veces nadie hace: “¿Y después de pagar, qué sucede?” Porque publicar el sitio no necesariamente significa que termina la relación con quien lo desarrolló. Debes saber perfectamente qué ocurrirá con el dominio y hosting después de los 12 meses iniciales, qué sucederá con los respaldos, actualizaciones de información, mantenimiento y soporte. También conviene preguntar quién será el propietario de la web y de sus contenidos, y si tendrás acceso a las herramientas necesarias para administrarla.
Y si el sitio necesita actualizaciones de sistema en forma permanente (como es WordPress), pregunta cuánto cuesta mantenerlo. Hay proveedores que entregan una web y termina la relación comercial, otros ofrecen planes mensuales y otros cobran por cada modificación. Ninguna alternativa es necesariamente mala. Lo importante es saberlo antes de comprar.
Una cotización no es un acto de fe. Contratar el desarrollo de un sitio web no debería ser una caja cerrada y llena de sorpresas. Antes de comprar, es responsabilidad del cliente saber qué está comprando, cuánto vas a pagar, cuándo la recibirás, qué responsabilidades tendrás tú y qué responsabilidades tendrá el diseñador que desarrolla el sitio.
Y algo todavía más importante: una buena cotización no necesariamente es la que tiene el precio más bajo. Una buena es la que permite entender exactamente qué estás comprando. Porque cuando dos cotizaciones parecen iguales, pero una explica todo y la otra solamente dice el precio, en realidad no estás comparando dos precios sino dos niveles de glosa con información. Y antes de elegir al más barato, quizás convenga hacer algo mucho más inteligente: leer la letra chica y también preguntar por lo que no aparece y por aquello que no entiendes.
A continuación te entregamos una lista de 30 puntos que deben estar idealmente señalados y detallados en el presupuesto. Si no están, es tu obligación exigirlos porque convierten algo abstracto —“una página web”— en variables concretas de compra.
A.– ESTRATEGIA:
B.– CONTENIDO:
C.– TECNOLOGÍA:
D.– POSICIONAMIENTO:
E.– RELACIÓN COMERCIAL:
¿Necesitas una página web? No comenzemos hablando del precio, hablemos de eso que necesitas conseguir. Cuéntame qué hace tu negocio, qué quieres conseguir y qué problema quieres resolver. A partir de ahí podemos determinar qué sitio necesitas y cuánto debería costar. Ahí la conversación cobra más sentido. llámame o escríbeme al número +56 9 84046160. Hazlo ahora, ¡te espero!.
Domador de píxeles, códigos y vectores. Diseñador, U. de Antofagasta; Web Developer, Dictuc Universidad Católica de Chile; MBA en Marketing Estratégico, Esserp España; Magíster en Dirección de Comunicaciones, U. Mayor.
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